Ya no estamos para quedarnos de piedra ni sorprendidos ante alguien que te defrauda. De hecho ya somos demasiado mayores para creer en héroes o en personas limpias de corazón. Simplemente llega un momento en el que se pide un poco de coherencia y mucho humor para sobrellevar esta perra vida.
Patricia Conde es sólo un personaje con ironía de guión. Tiene derecho a hacer de su vida lo que quiera e incluso y por supuesto a mantener en secreto su intimidad o preservar su honor. Pero no ha elegido el trabajo que mejor se adapta a esta elección sino otro de exposición pública con lo bueno y lo malo que esto tiene. Gana más pasta que una dependienta de El Corte Inglés y tiene más fama pero, a cambio, esta trabajadora puede ir por la calle sin preocuparse por los papparazzi. Peajes que cada uno acepta o no tiene el valor de cambiar.
La presentadora de SLQH nunca ha deslumbrado por nada en especial pero ha quedado mal al enviar a sus abogados para que se retire todo el contenido relativo a ella en el portal 11870.com ya que una fan de Patri recopilaba las tiendas de ropa que la visten en el programa. Yo tampoco entiendo que tenía de malo el asunto, más bien lo contrario, pero siguiendo por la misma senda se acabarían muchas cosas.
Nunca le tuve admiración ni es una chica que me parezca demasiado guapa pero valoraba el papel del programa en el que lee los guiones como una nueva forma de hacer televisión y también la actitud, intuimos que ensayada hasta la nausea, de reirse de uno mismo. Ya sabemos que todo es fachada. Lo teníamos que haber intuido.



